martes, 19 de agosto de 2014

Hizo conmigo lo que hace el viento con los corazones de manzana.

Una vez le contó al lunar que tengo en el oído izquierdo que la magia, como ocurre a tan pequeña escala, es inexistente para aquellos incapaces de apreciar los detalles. Y qué acierto grabar aquel trocito de menta y terciopelo en el lugar indicado. Nunca olvidaré aquella lección, ni cómo pronunciaba su llegada con la suavidad del mar del Plata. Por aquel entonces yo aún no rompía las copas de cristal, y eran la luna y las orquídeas las encargadas de dibujarle mariposas de taninos en los labios.

Era todo cuestión de tiempo.

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