domingo, 22 de junio de 2014

Preciados

La luna era otro cartel de neón que se anunciaba en la Gran Vía. Mientras los demás hablan, ella le devuelve la sonrisa. Sabe que es un artículo al alcance de unos pocos, y por lo general, jamás brilla de oferta.

Caminaban dejando atrás un rinconcito de Irlanda deslocalizado en el tiempo y el espacio. La falta de estrellas le recuerda que incumpliste, entre muchas otras, aquella promesa de viajar juntos a la ciudad de las luces. Después del sello en el pasaporte, tiene la certeza de que el País de las maravillas es sólo un delirio más del genio en una habitación escondida de Montmartre. Lo habrías disfrutado.

Llega a casa unos minutos antes que el sol. La fiesta se acaba cuando una cucharilla prepara la guerra fría en el interior de una taza de café.

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